sábado, 20 de mayo de 2017

EL FUTURO DE COLOMBIA




El estilo bulling o matoneo pasó de ser una forma de burla entre adolescentes de escuela a ser el estilo recurrente en el debate de los principales aspectos que interesan a la nación.  Todo debate debería ser primeramente intelectual para que sea constructivo e instructivo, porque un argumento sesgado por la emoción pierde credibilidad y genera una confusión inoficiosa que muy poco o nada aporta a la formación de ideas y conceptos de la mente colectiva.

Es lo que viene sucediendo en Colombia con el pacto entre el gobierno y los guerrilleros, que lo que para un lado son bondades para el otro son trampas.   Y así sucesivamente el debate termina siendo una gritadera de improperios donde la única idea es descalificar al contradictor, se desacreditan el uno al otro y el otro al uno con lo cual ambos dejan entrever un nerviosismo que contradice notoriamente el compromiso individual y colectivo que deben tener con el argumento que pretenden enseñar o defender.


Todo empezó cuando se descubrió, porque era a escondidas del país, el inicio delas conversaciones del gobierno con los guerrilleros en la habana, entonces desde ese mismo instante este diálogo se convirtió en una bola de ping  pong que va y viene, en una contienda donde el único mediador ha sido la prepotencia de lado y lado (defensores y contradictores del proceso).


Ha sido tal el compromiso de todos los miembros del gobierno colombiano con la paz que defienden este proceso de negociación con una violencia tan inusual que arrasa familias enteras  y amistades consolidadas durante años con argumentos tan pueriles como: “es que a usted le gusta la guerra…”.  Coincidiendo y parodiando al señor presidente cuando dijo: “solamente los estúpidos no cambian de opinión” yo diría: “solamente un estúpido puede calcular que haya un solo ser humano a quien le guste la guerra…”.



Siguiendo el tono de los defensores del proceso, pero en sentido contrario, se han expresado quienes no están de acuerdo con la negociación del gobierno con los guerrilleros.  También dudas y temores sólidamente fundamentados han sido la base de insultos e inexactitudes.  También el  sueño dorado por la paz de la patria se defiende con una diatriba poco provechosa y sí dañina.  Se demostró que no se estaba negociando la propiedad privada, al menos explícitamente no quedó firmado.  Quizás los opositores al acuerdo están visualizando lo que puede suceder en el futuro con tanta generosidad  y tan escaza reciprocidad.  

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