La
naturaleza determinó fuerza física
superior en el Varón en la misma proporción
que
le dio fuerza espiritual superior a la Mujer, ambos poderes contrarios pero
Complementarios
el uno con el otro. Estas dos fuerzas
independientes pero
dependientes;
estas dos fuerzas, separadas pero inseparables, son el único Poder
sobre
el cual se puede constituir eficientemente el desarrollo de la consciencia
para
cocrear y edificar el mundo a cada
instante. La Sabiduría Divina crea
impecablemente toda diversidad para equilibrar y
perfeccionar la vida infinita
y
eterna. Y el género humano al parecer hace todo lo posible por ignorar esta
circunstancia,
pero desde esa dualidad, material y espiritual, la especie humana
evoluciona
hacia la manifestación de su misteriosa Divinidad, tenga o no tenga
consciencia
de ello, ya sea que lo acepte, lo niegue, lo ignore o lo controvierta.
Cuando
la mente humana concibe las diferencias
entre los dos géneros de la
especie
humana como ventaja o desventaja del uno
sobre el otro ocasiona todo
tipo
de conflictos, ya sea por el ejercicio del poder del uno sobre el otro o para
defenderse
el uno del otro. Nada de esto tiene algo
que ver con Unidad,
nada
tiene que ver con complemento.
Solo
diferencias, solo rivalidad; tan solo separación y división de las dos gotas
que
conforman
la vida que necesita y depende de la Unión del Padre y de la Madre
para
prolongarse eternamente en el Hijo. No
existe justificación posible para
controvertir
esto, no hay filosofía o cultura alguna que pueda argumentar
válidamente
lo contrario, la vida necesita y depende de la Unión del Padre y de la
Madre
y esto es lo que representan el Varón y la Mujer, por partes iguales.
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