Por otra parte la educación
sexual moderna, limitada a orientar acerca de los
métodos de planificación
familiar y a prevenir las enfermedades de transmisión
sexual desconoce o no tiene
en cuenta la Pureza y Grandeza esencial del acto
mismo, con lo cual lo deja
relegado de la categoría de Poder Divino a la triste
jerarquía de instinto
animal.
La consciencia humana de la
sexualidad desperdicia toda su energía y
poder
creador de vida, de
felicidad y realización Divina; la consciencia humana de la
sexualidad se ve
estrangulada y absorbida por el instinto irracional que
obedece a la pasión y al deseo físico,
comúnmente alimentados por el uso
irracional e innecesario de elementos
externos como drogas y licores. Lo
mismo
sucede con el inocente y dañino
movimiento de liberación femenina
que en busca de la igualdad de géneros, dejó a
la mujer al servicio del
hombre; rebajándola al nivel de las más bajas pasiones del
varón. Tal vez
esta es la razón por la
cual el más férreo defensor de los
derechos sexuales
de la mujer es indiscutiblemente el varón, porque, lógicamente, él es el que
más ha
gozado con esto. Quizás no hay un defensor más vehemente
del
aborto que el varón argumentando la cándida filosofía de que la mujer es
la
dueña de su cuerpo y la única propietaria de la vida…,¡ahjh! cándida
filosofía
o descarada e interesada manipulación, ¡mmm,! …?
Los animales inferiores nos
dan un hermoso ejemplo de respeto y solidaridad
entre los géneros de las especies;
con humildad aceptan las diferencias tal vez
porque ellos no poseen el
sublime Poder del Pensamiento…
Vivir con pasión y sin razón
parece ser la consigna de los hombres y las
mujeres que conforman la sociedad moderna y que procuran nivelar o
equilibrar
las dos fuerzas más grandes de la creación pero buscando
enaltecer un
poder o supremacía del uno sobre el otro, poder o
supremacía que
no existe para la naturaleza como tal, poder o
supremacía que se orienta a tratar de
mostrar debilidades o carencias
jamás concebidas por la mente creadora que a cada paso nos da señas
de la
perfección y el equilibrio de su gran obra, su Imagen y Semejanza:
el Ser Humano.





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